A lo largo de nuestra vida, vimos y escuchamos distintos oradores, un profesor dictando una clase, un político exponiendo su discurso, un cura brindando misa, un conferencista dando una charla, entre otros.
De todos ellos, unos nos emocionaron, otros nos enseñaron, varios nos informaron, otros simplemente nos aburrieron y hasta nos hicieron sentir una molestia. A estos últimos les faltó algo, no se desenvolvieron eficientemente, no pudieron demostrar sus conocimientos y capacidades.
En situaciones donde nosotros somos los oradores, es habitual que preparemos la ropa para ponernos ese día, nos peinemos adecuadamente y esbocemos lo que vamos a decir, pero en muchos casos el resultado de la presentación no es el deseado.
No comunicarse correctamente influye negativamente en el interlocutor y nos imposibilita conseguir los objetivos deseados. Por ello la importancia de conocer la Oratoria , para comunicarnos correctamente, poder convencer a los demás y proyectar una imagen positiva.
Las personas nos comunicamos con otras a través de palabras, gestos o miradas; en el resultado de esa interacción influyen las características distintivas de cada persona como, el timbre y tono de voz, la edad, el sexo, la personalidad, la utilización de las manos, entre otras.
El primer paso para mejorar nuestra capacidad de comunicación es conocernos a nosotros mismos, nuestras fortalezas y debilidades en el arte de hablar con elocuencia. Es preciso reconocer y trabajar en cada uno de los elementos que intervienen en la comunicación interpersonal. Debemos estar al tanto de la importancia de la preparación del orador y hacernos preguntas y buscar respuestas sobre, dónde me paro, cómo muevo las manos, cómo debo organizar mi discurso, cómo puedo controlar el miedo que me inmoviliza.


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